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INTRODUCCIÓN A LA FOTOGRAFÍA DIGITAL

Introducción

Conocer algunos trucos puede ayudarte mucho a sacar mayor partido de tu cámara, bien sea para obtener mejores imágenes o para llegar a conseguir fotografías espectaculares de las que presumir ante los amigos. Y es que la fotografía digital nos ofrece un sinfín de posibilidades que amplían las que ya teníamos con la analógica. Lejos de necesitar un dispositivo de gama alta, la gran mayoría de estos consejos sirven para cualquier tipo de usuario con ganas de aprender y explorar. Además, la nueva hornada de cámaras ofrece en casi su totalidad la posibilidad de controlar manualmente elementos como la velocidad de obturación o la abertura del diafragma (y si no o hace a través de los programas prefijados), elementos clave de una fotografía que permiten, jugando con ellos, obtener multitud de efectos y controlar de forma mucho más precisa el resultado de nuestras tomas.

La cámara

Lo primero que hay que dejar claro es que no es necesario tener una gran máquina para obtener buenas fotos, y esto es aún más evidente con las digitales. Todo buen fotógrafo habrá oído más de una vez eso de «claro, con esa cámara también hago yo buenas fotos». Nada más falso, ya que la cámara es una parte importante pero no lo es todo. Un buen fotógrafo no deja que su máquina lo controle todo y prefiere decantarse por los modos manuales y, sobre todo, la cámara «no corta cabezas» por sí sola. Es decir, el encuadre es una parte importantísima de la toma que poco o nada tiene que ver con el equipo y depende casi enteramente de los conocimientos del fotógrafo y, sobre todo, de su creatividad. La puede ser un buen ejemplo de cómo con una cámara sencilla, ejecutada en modo totalmente automático, una buena elección del punto de vista ha logrado una captura realmente atractiva

Encuadre y composición

A la hora de tomar una foto, por tanto, lo primero y fundamental es elegir un punto de vista y componer la imagen; esto es, elegir la disposición de los elementos que aparecen en ella. Lo primero suele ser elegir un centro de interés o elemento principal para la fotografía y, a continuación, buscar el punto de vista más propicio. Para ello hay que buscar la distancia focal más adecuada (ya que varía el efecto de perspectiva) y la mejor posición: acercarse o alejarse del motivo y agacharse o elevarse si es posible (en este sentido la LCD de las cámaras digitales permite gran flexibilidad) y probar a situar la cámara en vertical y horizontal. Evitar que el fondo reste interés al sujeto principal, no situar el horizonte justo en la mitad de la imagen, ni dejar demasiado «aire» (espacio) son algunos consejos básicos de composición pero también hay que conocer lo que se denomina como «Regla de los tercios». Ésta consiste en imaginar cuatro líneas que dividirían la imagen como un tablero de «tres en raya». Los puntos de intersección serían el lugar perfecto para situar los motivos de interés ya que la vista se dirige de forma natural hacia ellos; del mismo modo, las líneas se pueden usar como guía para situar los elementos, sobre todo el horizonte. Como todo, esta regla es una buena sugerencia pero siempre debe tomarse sólo como una orientación y nunca como algo inamovible.
Un último elemento respecto al encuadre que no debemos olvidar, ya que puede dar mucho juego, es la posibilidad de situar algo en primer plano que dé interés a la fotografía. Las opciones son muchas: usar un elemento en perpendicular que conduzca la vista hacia el centro de la imagen, colocar algún objeto que haga las veces de marco de la foto o, simplemente, utilizar algo que añada interés a la composición. Eso sí, siempre hay que tener cuidado con que el primer plano no reste interés al tema principal de la fotografía. En la imagen de ejemplo se puede comprobar cómo la captura mejora mucho al situar una valla en primer término que incorpora un elemento de fuerte contraste.

Jugar con el movimiento

Sin duda uno de los elementos más atractivos para manipular en una cámara fotográfica es la velocidad de obturación ya que posibilita obtener efectos espectaculares. Básicamente, esto nos permite congelar el movimiento o bien todo lo contrario. Lo primero se consigue usando velocidades de obturación altas (que serían desde 1/125, 1/250 y en adelante), aunque también hay que tener en cuenta la distancia focal y la velocidad del sujeto. Por el contrario, por debajo de 1/60, el movimiento de los sujetos hace que éstos salgan movidos lo que puede llevar a obtener imágenes que den sensación de dinamismo. Las cámaras digitales ofrecen grandes posibilidades en este sentido con la gran ventaja de permitirnos comprobar inmediatamente el resultado de la toma y borrarla si no es satisfactoria.
 

Mejora tus retratos

Conseguir un buen retrato va mucho más allá del «venga poneros que os tiro una foto». Para ello, es recomendable seguir unos mínimos consejos. Lo mejor es desechar el flash y usar luz natural aunque debemos elegir un lugar bien iluminado pero donde el sol no incida directamente. Para evitar posible deformaciones en los rostros elegiremos una distancia focal de unos 70 mm y procuraremos que el sujeto esté perfectamente enfocado (el sitio exacto son los ojos). Justo todo lo contrario que el fondo (para lo cual abriremos el diafragma al máximo), un elemento que hay que elegir teniendo cuidado además de que no reste atención pero que sí resulte atractivo y contraste con el tema principal. Por último, será fundamental conseguir la confianza del modelo para que adopte una postura relajada. Para ello, nada mejor que situar la cámara en un trípode, usar un disparador de cable e iniciar una amistosa charla. Evita una postura muy frontal y ten en cuenta elementos adicionales, como las manos, que pueden aportar mucho interés en la imagen.

La iluminación

Las cámaras suelen hacerlo automáticamente ofreciendo buenos resultados en general pero hay situaciones en las que éstos no llegan a lo esperado. Por un lado, hay que tener en cuenta que la máquina realiza un promedio de la luz (medición matricial) de la escena lo que no siempre es adecuado. Por otro lado, hay que saber que el exposímetro determina los valores de luz de un objeto de acuerdo a un patrón estándar de color con lo que si estamos haciendo una foto en un ambiente muy luminoso (la nieve es el mejor ejemplo) o muy oscuro (una cueva) puede verse engañado tendiendo a subexponer (en el primer caso) o sobreexponer (en el segundo). Para evitar estos problemas podemos recurrir a variar el modo de medición de la luz, algo que ya suelen incorporar la mayoría de cámaras digitales. Así, en situaciones de mucho contraste podremos cambiar a medición central (hace un promedio de toda la foto pero da prioridad al centro) o a puntual (que mide en un punto concreto) para calcular de forma más adecuada la luz que refleja el elemento principal de la foto (que, al fin y al cabo, es el que debe aparecer correctamente expuesto). Por supuesto, jugar con la exposición es otra posibilidad; como en el caso de la donde una subexposición ha logrado que una foto no demasiado llamativa cobre un gran interés, ofreciendo un cielo de gran dramatismo y un claro punto de interés (la ventana iluminada).


El alcance de los flashes incorporados en la mayoría de cámaras no suele llegar más allá de los tres o cuatro metros con lo que en muchas ocasiones nos encontramos con resultados inesperados (olvídate de fotografiar el altar de una catedral), con imágenes en las que el primer plano aparece quemado mientras que el fondo queda muy oscuro. Y es que también hay que tener en cuenta que su luz es muy potente (aunque no tenga mucho alcance) y por tanto suele provocar graves reflejos en rostros o escaparates o llegar a quemar las fotografías. Para lo que sí es muy útil es para retratos a contraluz (por ejemplo con una ventana detrás) o para usarlo como relleno en fotos al atardecer en las que queremos mostrar un elemento en primer plano con un bonito atardecer al fondo. También puede servir para detener el movimiento ya que su luz es muy rápida. Investiga en el manual de tu cámara para saber si te permite sincronizar el flash a la cortinilla trasera, algo con lo que puedes obtener resultados espectaculares

Tomar imágenes en lugares poco iluminados, amaneceres o atardeceres o, directamente, por la noche es una posibilidad muy atractiva que ha ganado enteros con la fotografía digital, sobre todo por la opción de poder ver el resultado de las tomas inmediatamente. Para obtener buenas imágenes en estas condiciones, necesitaremos recurrir a largas velocidades de obturación lo que puede llevarnos a conseguir fotos movidas; por ello, el uso de un trípode es fundamental, aunque si no contamos con uno siempre podremos buscar un apoyo en elementos del entorno (apoyarnos en una barandilla o una farola). También conviene sujetar la cámara firmemente y con las dos manos (cuidado con tapar elementos de la parte delantera en las cámaras más pequeñas), apretar el disparador muy suavemente, juntar los brazos al cuerpo o arrodillarnos y procurar que brazos y piernas se apoyen en partes «blandas» (en vez de el hueso). Por otro lado, del mismo modo que hacíamos con las fotos de movimiento, os recomendamos experimentar con las fotos movidas, que pueden llegar a ofrecer gran interés

 

 

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